
Tabla de contenidos del artículo
El efecto dominó ebike en oficinas es real, en enero era el único que iba a la oficina en ebike y ahora somos 12 de 50 empleados, hemos acondicionado un parking improvisado, hemos creado un grupo de WhatsApp «los ciclistas», y RRHH está preparando un plan de ayudas. Y todo empezó cuando el director me vio quitándome el casco en el ascensor.
«¿Has venido en bici? ¿Con este frío?» La voz de mi director resonó en el ascensor mientras yo intentaba esconder el casco detrás de la espalda como si fuera contrabando. Era 15 de enero, 8:47 de la mañana, y acababa de convertirme sin saberlo en el paciente cero de una epidemia que transformaría nuestra oficina.
Seis meses después, el parking de coches del sótano tiene una zona acordonada con cinta adhesiva amarilla donde 12 bicicletas eléctricas conviven en lo que bautizamos como «el pelotón». El grupo de WhatsApp «Los Ciclistas» ya tiene 18 miembros (incluidos los aspirantes). Y el CEO, ese señor de 58 años que siempre llegaba en Audi A6, ahora presume de sus tiempos en Strava.
No fue mi intención iniciar una revolución. Solo quería evitarme 45 minutos de metro en hora punta y ahorrarme unos 180€ mensuales del parking. Pero aparentemente, fui la mecha que prendió una bomba de relojería que llevaba años esperando explotar.
Yo opté por una bicicleta plegable eléctrica, elegí este modelo principalmente porque la ruta al trabajo es accesible en bicicleta, no tengo tramos donde este tipo de vehículos no pueden acceder, elegir la bicicleta eléctrica adecuada es importante para no abandonar la idea y disfrutar de la ruta diaria, revisa este artículo para saber cuál elegir y acertar a la primera.
El día que aparecí con casco y sin corbata
La primera semana de enero llegué a las 8:45 h sin una gota de sudor, con la adrenalina por las nubes y una sonrisa que no podía disimular, el contraste con las caras que se ven en el metro a primeras horas de la mañana era llamativo, tanto, que tres personas al entrar en la oficina me preguntaron si me había tocado la lotería.
La ebike había sido mi regalo de Reyes adelantado. Después de calcular que gastaba unos 2.160€ anuales entre parking y gasolina, más otros 1.000€ en gimnasio al que iba dos veces al mes, la inversión tenía sentido. Pero no esperaba el impacto social que tuvo.
«Tío, ¿has venido pedaleando? ¿En enero?» Carlos, del departamento financiero, me miraba como si hubiera llegado en unicornio. «¿Y la mochila del portátil? ¿Y el traje? ¿Sudas? ¿Dónde la dejas? ¿No te da miedo el tráfico?» El interrogatorio duró todo el café.
Esta es mi bicicleta eléctrica plegable y el casco que intentaba ocultar
La conversación del ascensor que lo cambió todo
Mi director, Miguel, no es precisamente un early adopter. Usa Nokia, imprime emails y cree que Slack es una pérdida de tiempo. Pero algo en su mirada cambió cuando le expliqué que tardaba 22 minutos de puerta a puerta comparado con los 45 minutos que se tarda en coche en hora punta, y que no, no llegaba sudado.
«¿Y cuesta mucho?» me preguntó bajando la voz, como si habláramos de algo ilegal, como cuando tu abuela te daba dinero o golosinas a escondidas. Cuando le dije que me costaba menos que el renting de su plaza de parking anual, vi cómo su cerebro hacía cálculos. Dos semanas después, me pidió que le acompañara a ver ebikes «para un amigo».
Cronología del contagio: cómo 1 se convirtió en 12
Mes 1-2: La fase de curiosidad
Las primeras semanas fui el bicho raro. Dejaba la ebike atada a una farola en la calle (el pánico era real) y entraba con el casco como quien lleva un alien. Los comentarios iban desde «qué valiente» hasta «te vas a matar».
Pero algo cambió cuando empecé a llegar sistemáticamente 10 minutos antes que todos, fresco, sin el estrés del atasco o el metro. Mientras otros llegaban maldiciendo la M-30 o el retraso de Cercanías, yo llegaba contando la barbaridad de pájaros que había visto en el parque.
Laura de marketing fue la primera en caer. «¿Me dejas probarla?» Un martes a la hora de comer. Volvió con las mejillas rojas y riéndose como una niña. «¡Esto es la hostia! ¡Es como volar!» El jueves ya había comprado la suya.
Mes 3-4: Los early adopters
Para marzo ya éramos 5. Laura había contagiado a su compañera de departamento. Carlos de finanzas se unió después de que su coche estuviera dos semanas en el taller. Y… ¡sorpresa! Miguel, mi director, apareció un lunes con una ebike «que le había regalado su mujer por su cumpleaños» (sí, claro).
El punto de inflexión fue cuando improvisamos un parking en el cuarto de limpieza del sótano. El conserje, cómplice, nos dio una llave «no oficial». De repente teníamos sede. Un lugar donde dejar las bicis seguras, los cascos, e intercambiar rutas.
El grupo de WhatsApp nació naturalmente. Primero para avisar de controles de tráfico. Luego para compartir rutas. Después memes. Al mes era más activo que el oficial de la empresa.
Mes 5-6: Masa crítica
Mayo fue el mes del despegue. El buen tiempo ayudó, pero el factor decisivo fueron obras en la M-30. Dos meses de pesadilla anunciada para los que venían en coche. De repente, mi «locura» parecía genial.
En dos semanas pasamos de 5 a 9. Incluido Javier, el CFO, que apareció un día en una ebike de 4.000€ que parecía una nave espacial. «Si voy a hacer esto, lo hago bien», dijo mientras todos babeábamos con su máquina.
Para junio éramos 12. El 24% de la plantilla. Suficiente masa crítica para que RRHH se diera cuenta de que algo estaba pasando.
El efecto dominó ebike en oficinas
Los mitos destruidos en la práctica
El sudor no existe con una bicicleta eléctrica pedaleas lo justo para activarte, el motor hace el trabajo duro, llegas más fresco que en metro en agosto y soportas menos olores desagradables.
El gran mito del sudor
«Pero llegarás sudando». Lo he oído por lo menos 847 veces. No, no sudo. La asistencia eléctrica significa que puedo elegir exactamente cuánto esfuerzo hacer. Subo la Gran Vía a 20km/h pedaleando como si paseara. Mi ritmo cardíaco apenas sube de 80 pulsaciones.
Lo irónico es que sudo más esperando el metro en julio que pedaleando con asistencia. Y desde luego, sudo infinitamente más en los 200 metros desde el parking del sótano hasta el ascensor cargando maletín, portátil y bolsa del gimnasio que nunca uso.
El dresscode imposible
«No puedes ir en traje en bici». Falso. Voy en traje. Con una mochila elegante de esas que parecen maletín (40€ en Amazon) donde cabe todo. El traje no se arruga más que en el metro. Menos, diría yo, porque no voy apretujado contra 200 personas.
Los zapatos son el único cambio real. Llevo unos urbanos cómodos para pedalear y dejo los de vestir en la oficina. Como el 90% de mis compañeros de oficina que se cambia las deportivas del metro por zapatos «de trabajo».
Laura va en vestido y tacones. Los tacones en la mochila, pedalea con bailarinas. Tarda 30 segundos en transformarse en el baño. «Tardo más retocándome después del metro», dice.
Otro complemento que sí te recomiendo es el «sujeta pantalones para bicicletas» siempre es útil y evita que te enganches con la cadena o cualquier otra parte, los tienes reflectantes desde 5€.
El parking que se solucionó solo
La farola de las primeras semanas dio paso al cuarto de limpieza pirata. Que dio paso a un acuerdo con el conserje para usar el hueco bajo la escalera. Que finalmente llevó a Recursos Humanos a delimitar oficialmente una zona en el parking.
12 bicis ocupan lo mismo que 2 coches. El cálculo para la empresa es simple y rentable, liberar 10 plazas de parking que alquilaban a 90€/mes = 900€ de ahorro. Invertir 200€ en unos soportes de pared fue un no-brainer.
El networking más raro: las conversaciones del bike parking
El parking de bicis se ha convertido en territorio neutral, el becario y el CFO engrasan cadenas juntos, las jerarquías se diluyen, todos somos «los ciclistas» es una forma de unir al equipo con actividades en común.
Cuando el CEO apareció en lycra
El momento más surrealista llegó en junio. Nuestro CEO, Don Francisco José (así, con Don), 62 años, trajes de 2.000€, apareció un viernes a las 7:30 AM en lycra completo. Había comprado una ebike de carretera y venía desde Pozuelo.
«Llevo 30 años sin tocar una bici, pero os veo tan contentos cada mañana que tenía que probar». Verle quitarse el culotte en el baño ejecutivo y salir con traje fue… transformador. Si Don Francisco José podía, cualquiera podía.
Ahora tiene mejores tiempos que yo en Strava y ha perdido 6 kilos. En la cena de Navidad confesó que era lo mejor que había hecho en años. Su mujer nos mandó una tarta con forma de bicicleta como agradecimiento.
Las conversaciones que no tendrías en la máquina de café
El parking de bicis genera conversaciones únicas. Mientras ajustas frenos o limpias la cadena, hablas de rutas, de esa cuesta que mata, de la nueva rotonda peligrosa. Son conversaciones horizontales, sin jerarquías.
He solucionado más problemas interdepartamentales inflando ruedas que en reuniones formales. Cuando compartes el miedo a los autobuses y la alegría de un semáforo en verde, las barreras corporativas se evaporan.
Cuando RRHH se subió a la ola
Reunión de julio, RRHH presenta datos – 12 ciclistas, 0 bajas por enfermedad en 6 meses, productividad +15% primeras horas, solicitudes de ayuda para compra – proponen plan incentivos: 500€ por empleado, parking oficial, vestuarios.
Los números que convencieron a dirección
María de RRHH es de esas personas que todo lo miden. En julio presentó un informe que nos dejó alucinados:
- Los 12 ciclistas habíamos tenido 0 bajas en 6 meses (vs media de 2.3 días/empleado)
- Llegábamos de media 12 minutos antes
- Nuestro «engagement score» era 23% superior
- Habíamos generado 3 iniciativas de mejora interdepartamentales
- 8 empleados más habían preguntado por ayudas para comprar ebike
El plan que están preparando
Para 2024 proponen:
- 500€ de ayuda directa para compra de ebike
- Parking vigilado y techado
- Vestuarios con taquillas (reutilizando el gimnasio abandonado de la planta -1)
- Día de teletrabajo extra para los que vengan en bici 3+ días
- Seguro de accidentes incluido
El CFO (nuestro Javier de la ebike espacial) hizo números: si 20 empleados más se pasan a ebike, la empresa ahorra 15.000€ anuales solo en plazas de parking que puede dejar de alquilar. El plan se paga solo.
Manual para ser el paciente cero en tu oficina
Empieza discreto, deja que los resultados hablen por sí solos, llega puntual y fresco, no evangelices (al principio), deja que prueben tu ebike, crea aliados naturalmente, cuando seáis 3-4 formalizad el tema del parking, el resto viene solo.
Semana 1-2: Bajo perfil
No llegues el primer día gritando «¡he venido en ebike!». Deja que lo descubran. Cuando pregunten, responde factual: tiempo, distancia, coste. Sin evangelizar.
Mes 1: El prestamista
Cuando alguien muestre curiosidad real, ofrece: «Si quieres la pruebas un día». El que prueba una ebike está vendido en el 80% de casos. Es física pura: la sonrisa involuntaria al acelerar.
Mes 2-3: El grupo
Cuando seáis 3+, cread el grupo de WhatsApp. No para evangelizar, sino para cuestiones prácticas. Los que están dudando verán que no estás solo/loco.
Mes 3+: La infraestructura
Con 4-5 personas, id a RRHH con propuesta concreta: «Somos X personas, necesitamos un espacio seguro para aparcar, proponemos este hueco que no se usa, no cuesta nada». Imposible decir no.
El error que no debes cometer
No seas el talibán de la ebike. No juzgues a los del coche. No sermonees sobre medio ambiente. Sé el ejemplo: llega contento, a tiempo, relajado. Los resultados hablan solos.
El efecto dominó un año después
Escribo esto casi en diciembre, casi un año después de aquel encuentro en el ascensor. Somos 18 ciclistas regulares de 50 empleados. El 36% de la plantilla. Tenemos parking oficial, vestuarios en construcción, y las ayudas aprobadas para enero.
Pero el cambio real no son los números. Es el ambiente. Las mañanas empiezan con conversaciones sobre rutas, no sobre atascos. Los lunes no son tan lunes cuando vienes pedaleando con el sol de invierno. Las reuniones de las 9 tienen otro ritmo cuando la mitad llegó activada por el pedaleo suave.
Mi director, Miguel, resumió perfectamente el cambio en la cena de Navidad: «Este año hemos facturado lo mismo, pero llegamos más contentos. Y eso no sale en el Excel, pero se nota en todo lo demás».
El lunes viene un equipo de una consultora a estudiar nuestro «caso de éxito en movilidad corporativa». Parece que somos pioneros o algo así. Yo solo quería evitar el metro.
A veces las mejores revoluciones empiezan sin querer. Con alguien que simplemente hace algo diferente, no para cambiar el mundo, sino para llegar mejor a la oficina. Y resulta que cuando llegas mejor, trabajas mejor, vives mejor, y contagias mejor.
Si estás leyendo esto desde tu atasco diario o tu vagón de metro abarrotado, solo te digo que pruebes una ebike al menos un tiempo. Lo peor que puede pasar es que en seis meses tu empresa tenga parking de bicis y tu jefe te pida consejos sobre rutas.